11 octubre, 2006

Y si lo encontraras tú, qué pensarías?

Leonardo siempre fue así. Profesor (jubilado ya) de una prestigiosa universidad del país, Leonardo se divertía coleccionando cosas que encontraba en rastros, vendedores ambulantes y tiendas casi olvidadas. Cosas que le parecían "acervos del ingenio venezolano", esa era su especialidad y su pasión. Le encantaba coleccionar eso que nosotros, de común, llamaríamos "otro cacharro más", "algo de poca monta" o, incluso, "supercherías balurdas de mentes poco evolucionadas".

Ese era Leonardo. Así fue siempre. No habría razón para pensar que su actitud, con los años, hubiera cambiado. Así, para ciertos sitios de la ciudad, dependiendo de dónde hubiera de dar la clase, Leonardo cambiaba el maletín por un morral en el que guardaba no sólo el material con el que trabajaba en su clase de profilaxia sexual y prevención de enfermedades de trasmisión sexual (un "dildo" que imitaba perfectamente un pene de tamaño promedio y un paquete de condones) sino en el que ponía todas las chucherías que se antojaba de comprar cada vez que andaba por ahí, caminando para -o desde- su trabajo.

En un día de este verano tropical que nos embarga de normal cada año, Leonardo tuvo que dirigirse al centro de Caracas, lugar propicio para "cazar" objetos curiosos. Después de su clase, se encontró con que los vendedores ambulantes tenían un ingenioso invento: un colador de onoto. El artefacto, hecho con trozos de una lata de leche reciclada, estaba lleno de perforaciones y hasta tenía 3 patitas para pararlo firmemente al fondo de la cazuela donde pensara ponerse a cocer el onoto. Claro, semejante producto del ingenio popular, terminó en el morral de Leonardo, allí a donde iban a parar todas las supercherías y objetos que él compraba.

Más adelante, otra vendedora ambulante le ofreció hierbas para cocinar. Como le hacían falta, las compró. En una tienda, perdida en los crepúsculos del caos citadino, Leonardo encontró los palitos para limpiarse los oídos, un adminículo que tenía echando en falta los últimos dos días. Igualmente aprovechó para comprar un tubo de dentífrico, cosa que nunca puede faltar realmente porque sino, "estamos en crisis!".

Prosiguiendo su marcha, en otro tarantín con el que se tropezó, se consiguió una estampita de un santo local y la de una divinidad muy querida y estimada en un culto politeista local derivado de tradiciones naturistas-indígenas. Como lo anterior, todo fue a parar a su bolso, en el que todavía quedó espacio para guardar el periódico del día.

Antes de irse a su casa, Leonardo paró en un ministerio pues iba a saludar a un amigo al final de la jornada laboral. Tan animada estuvo la conversa que, accidentalmente, dejó su bolso olvidado en la oficina de su amigo, en el ministerio de salud.

Ahora bien...

Si usted se hubiera encontrado un bolso con semejante contenido (un pene artificial, una caja de condones, un curioso cacharro con paticas y perforaciones varias, palitos de oido y un tubo de dentífrico, hierbas varias, un par de santos representados a todo color en dos estampitas y el periódico del día), qué se hubiera imaginado?

Yo me imagino que, de haber tenido la oportunidad de ver el contenido de un bolso como el de Leonardo, hubiera creído que quien lo portaba era una mujer sin pareja que, con la ayuda de objetos que emularan el oscuro objeto de sus deseos más pasionales, tenía la firme intención de hacer alguna especie de ritual de adoración a ese par de santos en las estampitas. Para ello habría usado las hierbas, el curioso cacharro metálico, el pene y los condones. Lo único que no habría podido explicar y que hubiera tomado como "cosas que compró porque le hacían falta en su casa", serían los palitos para limpiar los oidos y el dentífrico.

Habría que ver qué pensó el que hurgó el bolso de Leonardo ese día...!!

1 Comments:

Blogger 3rn3st0 Dijo...

Encantadora Laura, la chica de los ojos de ánime. Bienvenida nuevamente a estos lares cyberespaciales, se te extrañaba.

Prefiero no opinar sobre lo que hubiera imaginado sobre el contenido del bolso de Leoncio. Si no conociera al portador del bolso, podría llegar a una conclusión cercana a la tuya pero si supiera que se trata de un caballero y de paso es conocido mio, haría todo lo posible por evitar que se acercara a mis hijos. :-D

Me hiciste falta en el BlogStock, me hubiera gustado conocerte Laura :-(

10:04 a. m.  

Publicar un comentario

<< Home